sábado, 26 de marzo de 2011

DOS...

Los que me ven puede que vean a una mujer; pero en realidad soy DOS:

...porque me emociono hasta las lágrimas al escuchar «Todavía» de Manzanero y también  «Bridge Over Troubled Water» con los incomparables Simon & Garfunkel...

...porque me gusta comer Chicken & Dumplings al mejor estilo country... y a veces me muero por un plato hirviendo de Porotos con Mazamorra de mi Chile lindo...

...porque se me apreta el corazón en diciembre cuando Barbra Streisand repite –cantando– «The Lord’s Prayer» o recibo una tarjeta con el Viejito Pascuero vestido de huaso que me manda mi hermano Cocky...

...porque me asombro cada vez que veo los interminables rascacielos de New York City o mis ojos se quedan pegados en algún paisaje de mi país del sur...

...porque me esfuerzo por hablar y escribir correctamente el inglés y disfruto sin medida de la maravillosa prosa de Isabel Allende...

...porque cuando veo flamear la bandera «tachonada de estrellas» la siento como mía... y porque cuando es la chilena, ¡estoy segura que no hay en el mundo otra más bella!

...porque la experiencia de tomarse un «buchito de café» en el downtown de Miami es insuperable... y porque no hay nada que se parezca siquiera al «tecito» de Fabiola (laaarga conversación incluída)...

...porque ser latina en Estados Unidos, ¡es ser DOS veces MUJER!

MARIANISMO

¿Se han dado cuenta que a veces las mujeres pueden ser mucho más machistas que el más macho de los machos? 
       Recuerdo cierta vez cuando fui a ver al humorista chileno Coco Legrand a un conocido centro de convenciones de la ciudad de Miami. Delante de mí había una pareja de chilenos. Una pareja relativamente joven. Ella –“marianista-machista” en su más amplia expresión– preocupada de quitarle la cara de amurrado que tenía el marido con frases como... que si la silla está muy incómoda para ti, ven, que te la cambio... que si tienes frío, ponte mi chaleco... que no te peinaste bien, mijito lindo... déjame arreglarte el cuello de la camisa... ¿cómo se siente, mi cuchi, cuchi?” Etcétera, etcétera, etcétera. Les prometo que me dieron ganas de pararme y decirle –a ella– que se dejara de tonterías y que de una vez por todas, ¡tratara como hombre a su marido y no como a su hijo!
       Para ser justa, creo que hay hombres que suelen demostrar el lado amable del machismo siendo caballeros, ofreciéndole el asiento a una mujer en el bus, abriendo la puerta de un edificio al ver que se aproxima una joven o saliendo a recibir a la esposa que llega del supermercado cargada de paquetes y que él entrará a la casa como todo hombre gentil que es. Esa es la parte dulce del machismo.
       Pero este “marianismo-machismo” no tiene nada de dulce. Pienso que es hora que la mujer cambie el patrón de conducta que nos inculcaron nuestras abuelas (y al que siempre me opuse) para no seguir viendo en reuniones sociales y familiares donde –sin siquiera pensarlo– todas las féminas terminan asilándose en la cocina preparando el festín para todos mientras ellos se quedan en la sala, charlando y esperando ser servidos... porque así debe ser, porque siempre ha sido así y porque algunas de nosotras siguen tratándolos como si fueran sus hijos en vez de sus maridos.
(Chari, Copyright © 2010)

viernes, 4 de febrero de 2011

TEJER...


Me siento en el sillón de cuero junto al ventanal. Mis manos toman el tejido que abandoné hace unos días. Mis dedos tocan, palpan, acarician. Desean volver a familiarizarse con la lana y su textura. Quieren sentir su suavidad de ninfa.
     Automáticamente mi dedo índice hace pasar entre él y el anular de la mano izquierda el hilo tensador de la prenda. Mi mano derecha toma el tejido y comienzo a hacer danzar los puntos de derecha a izquierda, uno a uno. Acompasadamente.
     Hay cierto ritmo que sigo al tejer. Es un ritmo que viene de adentro. De las entrañas. Es un ritmo «que se afina» con el sonido de los palillos de madera cuando toman puntos e hilos. Mis prendas cantan. Mis prendas bailan. Mis tejidos van naciendo en cada hilera. Nacen danzando y cantando al ritmo que yo les doy con cada mezcla de colores, de puntos, de texturas.
     Me canso y apoyo las manos sobre la falda. No suelto la prenda. No quiero dejarla. Es como si me aferrara a algo muy querido y añorado. Algo mío que trasciende. Algo que se extiende a través de mis dedos y se aúna con la prenda que voy creando. Se entreteje con mi alma y solamente puedo deshacerme de ella cuando «me avisa» que está completa.
     Sólo entonces entiendo que la obra ha concluído. Y es  ahí cuando mis dedos libres y ansiosos corren en busca de otro amor.

(Chari, Copyright © 2011)

sábado, 29 de enero de 2011

DÍAS...

Son espacios llenos de tiempo. Los hay buenos y otros malos. Son fechas de vencimiento, de cumpleaños, de festividades… son momentos que te hacen fabricar la realidad. Si tu día no es bueno, pasará la vida en blanco. O tal vez, sientas que te llovió sobre mojado.
Hay días amarillos (como las etiquetas del comercio que nos avisan descuentos de tarifas). Esos días nos llegan cargaditos de regalos, de sonidos, de poemas, de palabras, melodías que todo lo cubren de belleza. También está aquel que nos parece como del Juicio, donde todo es dolor, culpa, veneno y reproches. Por éso digo que los hay buenos… y también los hay muy malos.
Algunos dicen que hay que vivir «un día» a la vez. ¿No les parece irracional? ¿Cómo se podría vivir… dos días de un tirón? Otros opinan que es mejor «vivir al día». A mí, ese dicho no me dice nada. Porque cuando pienso en el día, imagino jornadas repletas de letras, palabras y significados. Instantes cargados de libros, de ideas, conceptos y secretos que quiero descubrir. De interrogaciones, demandas, consultas, encuestas y curiosidades.
Los días nacen y se mueren. Jamás serán iguales por más que lo intentemos. Nos llegan con lunas transparentes abrazadas por el alba y se nos van esparcidos en miles de tonos lilas de tardes lejanas. 


(Chari, Copyright © 2011)

jueves, 25 de noviembre de 2010

CASA...

Estaba junto al camino de un pueblecito llamado El Monte, cerca de Santiago de Chile. Las rosas del antejardín te ofrecían sus aromas cuando subías los escalones hacia a la puerta principal. Al cruzar el umbral, un pasillo de ajedrez te saludaba y el sol tímido del invierno entibiaba las habitaciones de paredes blancas y techos altísimos. Retratos de niños felices junto a sus padres adornaban el ambiente.
            Saliendo al patio principal, una fuente de agua cantarina te danzaba en los ojos y la rústica mesa de Margott nos invitaba a tomar onces con sopaipillas bajo el parrón. Más allá... el cerezo de mi infancia... lleno de frutos dulces y hermosos, lustrosos, guindas rojo–pasión.
            En la esquina donde termina la fila de cuartos, estaba el de las penitencias. Ese donde nos enviaba papá cuando no hacíamos las tareas escolares por estar leyendo La Pequeña Lulú y El Gato Félix. Era oscuro y frío. Pero –como papá lo hacía como en serio y como en broma–, dejaba la puerta abierta para que en cuanto desapareciera de nuestra vista, nos escapáramos mi hermano Miguel y yo. Nosotros jurábamos que él no se daba cuenta, pero nunca entendimos por qué nos llegaba el eco de su risa a lo lejos.     
Hoy fui al lugar donde está la casa de mi niñez. La busqué dentro de mí y la encontré intacta, junto a la avenida del corazón…
(Chari, Copyright © 2011)

sábado, 6 de noviembre de 2010

RINCONES...

Camino por la casa observando sus rincones. Camino por la casa que acabo de habitar y que fue de otros, de gente que no conozco. Personas que al igual que yo la recorrieron un día para descubrir lugares en común. Me quedo un instante mirando esos rincones. Pienso que puedo meterme en sus vidas. Conocer su pasado. Fusionarme en ellos. Sentir que palpitan. Que respiran. Que suspiran. Que existen… como yo.
         Este rincón que miro huele a días festivos, a cumpleaños, a café con leche, a helados con crema. Sabe a ruido de gentes amigas y a silencio crudo metido en ollas hirviendo. A sopas perfumadas de comino, a copas llenas de risa, a tecitos de menta trasnochados, a fogones horneando vivencias. Todo enmudece cuando el rincón me habla…
         Descubrí uno que está en la terraza. Nadie se ha fijado en él. Puedo advertirlo por lo triste de su apariencia. No cabe ni una mesa, ni una silla en su opaco espacio. Es el rincón que nadie mira, que nadie pisa, que nadie toca. Por éso lo quiero mío. Porque he sido la primera en verlo. Porque no le pediré nada a cambio de quererlo. Porque lo cuidaré del frío y de lo adverso. Lo adornaré con flores del jardín. Llenaré de cantos sus esquinas olvidadas, porque lo quiero alegre. Y lindo. Y mío. Y bueno.
Este es el rincón que más amo de mi casa nueva. Porque sin decirme nada… ¡me lo dijo todo!
(Chari, Copyright © 2011)

COSAS...






Estamos rodeados de ellas. Son binarias. Importantes y no tanto. Algunas son nuevas; otras, antiguas, o viejas… y por éso ya no las queremos… y por éso, ¡no podemos vivir sin ellas!
Son blandas o duras, suaves o ásperas, tibias o frías, de madera, de greda, de vidrio, de plástico, de losa, de lana, de seda, de algodón, de papel, de cartón… de oro y de plata. Las cosas son reales o también inventadas. Inanimadas… porque no son como nosotros (aunque creo equivocarme al analizarlas… porque algunas de ellas también tienen alma).
         Las cosas nos sirven para limpiar, para cocinar, para pintar, para tejer, para bordar, para comer, para triturar, para amasar, para caminar, para correr, para trabajar, para sentarnos, para descansar, para dormir, para bañarnos, para secarnos, para limpiar, para encender, para apagar, para abrir, para cerrar, para guardar, para grabar, para escribir, para borrar, para copiar, para eliminar.
         Cosa también es algo que se piensa o que se dice… y es algo que se hace. Lo que se recuerda y lo que se olvida. Cosa es mucho… o es nada. Es lo que tienes o lo que tuviste. Es lo del vecino o lo del amigo. Lo de tu hermano, lo de tus sobrinas; es lo que sale o lo que entra, lo que deseas y lo que no quieres. Lo que hay en tu closet o en tu baño. Es lo que te pones en el pelo, con lo que lo alisas, con lo que lo encrespas, con lo que lo peinas. Es lo que cuelga de tus orejas, lo que adorna tus dedos, lo que atas a tu cuello. Las cosas son lindas… aunque, también, pueden no serlo tanto.
         Te llenan la vida sin casi darte cuenta haciendo que desaparezcas detrás de ellas, como si TÚ no existieras… como si importaran sólo ELLAS. Lo hacen como si nada… «como que no quiere la cosa…» y te puedo asegurar que hay gente que mataría por tener más de ese espécimen.
Pero sucede que un día cuando te cambias de domicilio y cuando ves que tu antigua vivienda se va llenando de cajas y más cajas… ahí, en ese momento iluminado y honesto… te das cuenta que tenías más cosas de lo que debieras y que podrías vivir perfectamente sin ellas.   Entonces, suspiras… y vuelves a encontrarte con el ser que permanecía invisible detrás de ellas… TÚ.
(Chari, Copyright © 2011)

sábado, 14 de agosto de 2010

ELLA...

Es de Corea y trilingue, porque habla Coreano, Inglés y Español. Es menuda y pequeña. Sonríe mucho y cuando lo hace, sus ojos parecen brillar. Tiene una personalidad que a ratos puede llegar a ser arrolladora. 
     La conocí el año pasado en un viaje misionero que realizamos a Yucatán, México. Tiene dos hijas preciosas como ella, y un esposo “gringo”... y doctor. [¡Qué mezcla!] Además es 14 años mayor que ella. A veces me parece que su esposo tuviera tres hijas en vez de dos.
     Seon Young habla fuerte y cuando lo hace gesticula con sus manos pequeñas y blancas. Me gusta mirarlas, parecen mariposas juguetonas en el aire. Su pelo es largo y muy negro. Liso. Precioso. Brillante y sedoso.
     Mi amiga es divertida. Me ataco de risa cuando escucho alguna de sus anécdotas, las que cuenta con lujo de detalles. Tiene gracia para hacerlo. Es una narradora de historias innata. Además, tiene un cuaderno donde registra la vida. Lo lleva dondequiera que vá y en él anota letras y números... bueno, a mí me lo parece. Es que Seon Young escribe en su lengua materna.
     Cuando nos despedimos en el aeropuerto no hace mucho, me dijo que me quería y que agradecía “mis espontáneas clases de castellano” que le doy cada vez que nos vemos. Sus ojitos rasgados se llenaron de lágrimas. 
     Seon Young también tiene un lugar muy especial en mi corazón... se llama Amistad.
(Chari, Copyright © 2010)

domingo, 18 de julio de 2010

BAJITOS...

Iba en el avión que me llevaba a Yucatán, México y tenía a un par de “bajitos” sentados en el asiento de atrás, cada uno al lado de su madre. Hablaban fuerte, como todos ellos. Eran auténticos, no tenían complejos, ni miedos, ni verguenza. 
     Los “bajitos” son risueños y divertidos. Gesticulan al hablar y sus deditos parecieran querer tocarlo todo, llegando a esos rincones imposibles para el resto de los mortales.
     Tienen el pelo suavecito. También la piel. Huelen a nuevo, a fresco. Lo preguntan todo porque quieren saberlo todo y se duermen solamente cuando están extremadamente cansados. Nunca antes. 
     Aquel día casi no sentí el trayecto hasta Yucatán, México. Ellos –“los bajitos”– lograron que el tiempo volara mágicamente bajo las alas del avión.
(Chari, Copyright © 2010)

lunes, 21 de junio de 2010

3D...

Hace algunas semanas, salí de Miami para pasar un fin de semana en la ciudad donde viven mis hijas. Como siempre, lo pasamos estupendo. Ese domingo, me invitaron a ver una película... ¡para niños! (Toy Story 3... en 3D). ¡Nada como esa experiencia! Sí, sí... Es una película para los peques, pero ni tanto. La sala estaba llena de adultos que, con el pretexto de que la vieran sus hijos, se la disfrutaron toda. Es que estas películas tridimencionales son estupendas... una obra de arte... toda la magia en tus ojos.
     Mientras estaba allí, disfrutando del frío aire acondicionado mientras afuera el calor quemaba, pensé que –en la vida– nos conformamos con vivir con la vista “nublada” cuando tenemos todo (los lentes adecuados = Dios+seres queridos+hijos+amistades) para vivir en 3D. ¡Y qué diferencia de imagen! 
     Cuando optas por dejar tus lentes en el bolso o dentro de un gavetero escondido, estás viendo TODAS tus imágenes borrosas, distorsionadas, veladas... sin nitidez. 
     Pero basta “un momento”, un “algo” que hace que te des cuenta que lo que tenías NO era real... era una mentira, una farsa, una estafa, un fiasco. Entonces DECIDES ponerte los lentes adecuados, los que estaban escondidos u olvidados ¡y todo se ilumina! Se te cae el velo de los ojos. Empiezas a ver nítida y claramente. Y la experiencia es tan hermosa, tan verdadera, tan espléndida que nunca más quieres volver a quitarte esos lentes.
     Ojalá también tú decidas ver la vida en 3D. ¡No hay sensación más bella que ésa!
(Chari, Copyright © 2010)