¿Se han dado cuenta que a veces las mujeres pueden ser mucho más machistas que el más macho de los machos?
Recuerdo cierta vez cuando fui a ver al humorista chileno Coco Legrand a un conocido centro de convenciones de la ciudad de Miami. Delante de mí había una pareja de chilenos. Una pareja relativamente joven. Ella –“marianista-machista” en su más amplia expresión– preocupada de quitarle la cara de amurrado que tenía el marido con frases como... “que si la silla está muy incómoda para ti, ven, que te la cambio... que si tienes frío, ponte mi chaleco... que no te peinaste bien, mijito lindo... déjame arreglarte el cuello de la camisa... ¿cómo se siente, mi cuchi, cuchi?” Etcétera, etcétera, etcétera. Les prometo que me dieron ganas de pararme y decirle –a ella– que se dejara de tonterías y que de una vez por todas, ¡tratara como hombre a su marido y no como a su hijo!
Para ser justa, creo que hay hombres que suelen demostrar el lado amable del machismo siendo caballeros, ofreciéndole el asiento a una mujer en el bus, abriendo la puerta de un edificio al ver que se aproxima una joven o saliendo a recibir a la esposa que llega del supermercado cargada de paquetes y que él entrará a la casa como todo hombre gentil que es. Esa es la parte dulce del machismo.
Pero este “marianismo-machismo” no tiene nada de dulce. Pienso que es hora que la mujer cambie el patrón de conducta que nos inculcaron nuestras abuelas (y al que siempre me opuse) para no seguir viendo en reuniones sociales y familiares donde –sin siquiera pensarlo– todas las féminas terminan asilándose en la cocina preparando el festín para todos mientras ellos se quedan en la sala, charlando y esperando ser servidos... porque así debe ser, porque siempre ha sido así y porque algunas de nosotras siguen tratándolos como si fueran sus hijos en vez de sus maridos.
(Chari, Copyright © 2010)
(Chari, Copyright © 2010)

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