Hace algunas semanas, salí de Miami para pasar un fin de semana en la ciudad donde viven mis hijas. Como siempre, lo pasamos estupendo. Ese domingo, me invitaron a ver una película... ¡para niños! (Toy Story 3... en 3D). ¡Nada como esa experiencia! Sí, sí... Es una película para los peques, pero ni tanto. La sala estaba llena de adultos que, con el pretexto de que la vieran sus hijos, se la disfrutaron toda. Es que estas películas tridimencionales son estupendas... una obra de arte... toda la magia en tus ojos.
Mientras estaba allí, disfrutando del frío aire acondicionado mientras afuera el calor quemaba, pensé que –en la vida– nos conformamos con vivir con la vista “nublada” cuando tenemos todo (los lentes adecuados = Dios+seres queridos+hijos+amistades) para vivir en 3D. ¡Y qué diferencia de imagen!
Cuando optas por dejar tus lentes en el bolso o dentro de un gavetero escondido, estás viendo TODAS tus imágenes borrosas, distorsionadas, veladas... sin nitidez.
Pero basta “un momento”, un “algo” que hace que te des cuenta que lo que tenías NO era real... era una mentira, una farsa, una estafa, un fiasco. Entonces DECIDES ponerte los lentes adecuados, los que estaban escondidos u olvidados ¡y todo se ilumina! Se te cae el velo de los ojos. Empiezas a ver nítida y claramente. Y la experiencia es tan hermosa, tan verdadera, tan espléndida que nunca más quieres volver a quitarte esos lentes.
Ojalá también tú decidas ver la vida en 3D. ¡No hay sensación más bella que ésa!
(Chari, Copyright © 2010)
(Chari, Copyright © 2010)
