Estamos rodeados de ellas. Son binarias. Importantes y no tanto. Algunas son nuevas; otras, antiguas, o viejas… y por éso ya no las queremos… y por éso, ¡no podemos vivir sin ellas!
Son blandas o duras, suaves o ásperas, tibias o frías, de madera, de greda, de vidrio, de plástico, de losa, de lana, de seda, de algodón, de papel, de cartón… de oro y de plata. Las cosas son reales o también inventadas. Inanimadas… porque no son como nosotros (aunque creo equivocarme al analizarlas… porque algunas de ellas también tienen alma).
Las cosas nos sirven para limpiar, para cocinar, para pintar, para tejer, para bordar, para comer, para triturar, para amasar, para caminar, para correr, para trabajar, para sentarnos, para descansar, para dormir, para bañarnos, para secarnos, para limpiar, para encender, para apagar, para abrir, para cerrar, para guardar, para grabar, para escribir, para borrar, para copiar, para eliminar.
Cosa también es algo que se piensa o que se dice… y es algo que se hace. Lo que se recuerda y lo que se olvida. Cosa es mucho… o es nada. Es lo que tienes o lo que tuviste. Es lo del vecino o lo del amigo. Lo de tu hermano, lo de tus sobrinas; es lo que sale o lo que entra, lo que deseas y lo que no quieres. Lo que hay en tu closet o en tu baño. Es lo que te pones en el pelo, con lo que lo alisas, con lo que lo encrespas, con lo que lo peinas. Es lo que cuelga de tus orejas, lo que adorna tus dedos, lo que atas a tu cuello. Las cosas son lindas… aunque, también, pueden no serlo tanto.
Te llenan la vida sin casi darte cuenta haciendo que desaparezcas detrás de ellas, como si TÚ no existieras… como si importaran sólo ELLAS. Lo hacen como si nada… «como que no quiere la cosa…» y te puedo asegurar que hay gente que mataría por tener más de ese espécimen.
Pero sucede que un día cuando te cambias de domicilio y cuando ves que tu antigua vivienda se va llenando de cajas y más cajas… ahí, en ese momento iluminado y honesto… te das cuenta que tenías más cosas de lo que debieras y que podrías vivir perfectamente sin ellas. Entonces, suspiras… y vuelves a encontrarte con el ser que permanecía invisible detrás de ellas… TÚ.
(Chari, Copyright © 2011)
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